Como tantas criaturas, el ser humano es un animal social.
El denominado instinto gregario nos induce siempre a formar parte del algún tipo de colectivo, como una estrategia de búsqueda de aceptación social, protección y hasta autoafirmación de la propia identidad.
Aunque pueda parecer paradójico, el grupo es fundamental en la consolidación de nuestra propia individualidad, pese a que, muchas veces, queda opacada o desdibujada por este.
La sociología analiza en qué forma las arquitecturas sociales y las instituciones como la familia, la escuela, la Iglesia u otras entidades humanas, influyen y determinan el pensamiento, los sentimientos y la conducta del hombre en su rol interactivo.
Buena parte del pensamiento contemporáneo sostiene la idea de que los seres humanos no actúan de acuerdo a sus propias decisiones individuales, sino bajo influencias culturales e históricas y según los deseos y expectativas de la comunidad en la que viven.
El denominado instinto gregario nos induce siempre a formar parte del algún tipo de colectivo, como una estrategia de búsqueda de aceptación social, protección y hasta autoafirmación de la propia identidad.
Aunque pueda parecer paradójico, el grupo es fundamental en la consolidación de nuestra propia individualidad, pese a que, muchas veces, queda opacada o desdibujada por este.
La sociología analiza en qué forma las arquitecturas sociales y las instituciones como la familia, la escuela, la Iglesia u otras entidades humanas, influyen y determinan el pensamiento, los sentimientos y la conducta del hombre en su rol interactivo.
Buena parte del pensamiento contemporáneo sostiene la idea de que los seres humanos no actúan de acuerdo a sus propias decisiones individuales, sino bajo influencias culturales e históricas y según los deseos y expectativas de la comunidad en la que viven.

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